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LA RADIO, ÉSE OTRO MUEBLE

10 marzo 2010

Lo prometido es deuda, así que hoy hablaré de la radio. No me voy a extender aquí sobre las ventajas de la radio sobre la tele o al revés, eso que lo discutan los comentaristas. No me parece que la radio sea mejor que la tele, simplemente yo tengo radio (más de una) y no tengo tele, una me gusta y la otra no. Sólo quiero señalar  una diferencia que me parece sustancial: aunque sea un tópico, la radio te acompaña como no lo hace la televisión, que más bien creo que te invade. No sé, ya digo que no me voy a meter en polémicas. Pero sí hablaré de lo que la radio ha sido y es para mí. Una de nostalgia, por favor.

Mis primeros recuerdos de infancia incluyen la radio. Mi abuela oyendo la novela por las tardes, ella hacía ganchillo y yo jugaba en el suelo. Mi bisabuelo, con una radio antediluviana (véase la foto) que se oía bastante mal, no sé ni cómo conseguía sintonizar el pobre con aquel trasto de sus tiempos de Cuba. Mis padres: Clásicos Populares, Luis del Olmo y Protagonistas, “esssss… la hora del Ángelus Aaaave Maríiiiiiiiiiiiiiia”, pi pi pi piiiiii, las 11 en punto, las 10 en Canarias. Y por las tardes, pinturas en la mesa camilla y el brasero a mis pies, cuentos infantiles. Y por la noche, mi madre cocinando, yo jugando en el suelo y la historia de España novelada. No sé por qué recuerdo el episodio de la guerra entre Pedro I y Enrique de Tratámara, la poble  Blanca de Navarra y el malo malísimo (por francés y por traidor) del Duguesclin. Y yo comía masa de croquetas, y mi madre batía huevos. Y la radio, claro. Ah, y los viajes, todos sabíamos qué puntos de la ruta Madrid-Galicia hacían que en la radio empezaran a sonar huevos fritos. En fin.

Avanzando en el tiempo, hasta la primera adolescencia yo sólo escuchaba Radio 2 (qué cosa más repelente de crío, vale, lo sé). Luego tocaron los 40 principales, cuando Joaquín Luqui aún alegraba el día con su peculiar estilo y su supermelena (eso no se veía en la Radio, pero sí en los Aplausos y Tocatas y demás de los sábados por la tarde, uhhhh). Los 40 insoportables duraron poco, por dos razones: en cuanto lo escuchabas con asiduidad te dabas cuenta de que repetían una y otra vez los mismos temas, los mismos rollos y además hablamos de los 80… Hombres G y Los Secretos arrasaban y, francamente, no es que me entusiasmaran. La revelación vino a los 15. Por aquel entonces, yo había descubierto a Los Smiths (ovación de pie, por favor) y andaba explorando lo inglés. Una tarde, aburrido de los 40 y de las matemáticas (ag, los polinomios aquellos), me puse a mover el dial y de repente caí sobre el Meat is murder (viva y bravo) … no cabía en mí de gozo. Acababa de encontrarme con Rock 3, programa de Rafael Abitbol en Radio 3 de RNE: sin anuncios, sin radiofórmula y con algo que iba más allá de Danza Invisible. Y allí me enganché : Jack el Despertador, Arroz Amarillo, Discópolis, El Ambigú, Siglo XXI, Diálogos 3, La ciudad invisible, Melodías Pizarras, El séptimo vicio, Cuando los elefantes sueñan con la música, Trébede, Hoy empieza todo, Carne cruda, Trópico utópico, Tris tras tres, Flor de Pasión, Chichirichachi, La salamandra… y muchos que ya no recuerdo. Incluso en mis años fuera, R3 iba conmigo. La otra cadena que no me abandonaba era R2, Radio clásica, sobre todo José Carlos Cabello y su ”Conversación galante”… 

Hoy sigo oyendo Radio 3 a diario, y Radio 2 de vez en cuando (sí, sigo siendo repelente). Radio 3 ha cambiado bastante, pero quizá menos de lo que se opina por ahí. No cito mis programas porque ya lo he hecho antes, mezclando emisiones actuales con otras que ya han pasado a mejor vida (desgraciadamente). Con Radio 2 sí tengo una queja: radio clásica era más variadita antes y tenía más programas de análisis, ahora meten mucho Romanticismo y contemporánea y arriesgan poco, me parece más aburrida y sosa (y por lo que leo en los foros, los melómanos se meten a matar con la cadena y con su director, Fernando Palacios…) En fin, que podría estar horas hablando de los programas de Radio.

¿Y la publicidad radiofónica? Me fascina. La odio, me parece horrible y casposa, pero no puedo dejar de escucharla. Me encanta ir en el coche y oir las emisoras locales con sus anuncios de tiendas y de talleres de coche y discotecas y peluquerías y tiendas de muebles, e inmobiliarias … “en los Ángeles de San Rafael”… Vamos, un mundo paralelo lleno de sorpresas.

En fin, que no me extiendo más. ¡Y qué viva la radio PÚBLICA!

Ciauuu

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4 comentarios

  1. Mmmm, no es justo.

    Uno/a habla con cariño de la tele y se le tacha de alienado/a, pero otro puede decir lindezas y decir (osadamente) que le gusta la publicidad de la radio y está bien y es molón? No, no es justo!!!

    A mí la radio me da bastante igual, pero no la critico ni critico a quien la escucha, esa es la diferencia entre los televidentes y los radioyentes.


    • A ver, sita. o sra. Elena, no he dicho que la publi de la radio me guste, he dicho que me fascina. También me fascina ver una paloma que come pota en la calle, por poner un ejemplo. Y de la tele, lo que más me engancha son los anuncios, así que será que tengo vicio publicitario. Y lo de las críticas… pues la verdad es que sí, decir que te gusta la tele queda de pava y decir que te gusta la radio queda de guay, vale, sí, no es justo. Qué le vamos a hacer. Como todo, supongo que depende de lo que veas y oigas… Suena muy bien decir que lees la prensa todos los días… y aver qué lees, porque tenemos La Razón, El Marca, la Hoja Parroquial… y que conste que no me meto con los lectores de los diarios mencionados… ¿o sí? MMmmmmmmm…. ¡Debate, debate!


  2. …pues yo tengo un recuerdo parecido al de Gerónimo. Mi madre y mi abuela también eran radioadictas y en mi casa se oia la radio a todas horas. Me tranquilizaba mucho volver del cole y jugar con ese run run de fondo que yo oia pero no escuchaba.

    Pero algo que NO SOPORTO es el futbol en la radio. En realidad no soporto el futbol pero si encima me lo cuenta a voces un locutor medio loco que se desgañita como si pasara algo importante… ya lo que me faltaba. Mi padre ponía el futbol los domingos por la noche en un transistor que llevaba en el coche (no sé por qué porque mi padre detesta el futbol, igual que yo. Para demostarme que era él el amo del prao, supongo). Yo me mareaba muchísimo y tenía nauseas al montar en ese coche. Para remate había que escuchar (por sus huevos) esa emisora mal sintonizada… Ahora me ha quedado en la cabeza una asociación tipo perro de Paulov: si oigo futbol en la radio, siento nauseas y me acuerdo del Simca 1200 verde botella. ¡Dioses, no quiero ni pensarlo que echo la pota!


  3. Pues eso, que no se puede ser así de radical, porque si yo veo la tele y fulano oye la radio, a lo mejor yo solo veo la 2 y las películas argentinas y él solo oye el carrusel deportivo y sin embargo hemos quedado, yo de idiota y él de cool.

    En cualquier caso, todo hay que hacerlo con mesura, yo sé para qué veo la tele y la uso para mis fines: el día que quiero evadirme, me evado, el día que quiero aprender, aprendo, el día que quiero informarme, me informo. Con 30 canales, hay para elegir…

    Y traigo aquí el debate de la tele sin pedir permiso, pero es que le he estado dando muchas vueltas al argumento de que la tele te quita tiempo de otras cosas. Si nos ponemos así, ver la tele te quita tiempo para hablar con tu pareja, ea, pero hablar con tu pareja te quita tiempo para leer, y leer te quita tiempo para follar y follar te quita tiempo para dormir…y nada de eso es malo, no?



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